En primer lugar informar a todo el mundo de que ha habido un cambio de planes: este fin de año iba a estrenar el formato de "Winter no recomienda" con un juego muy especial que iba a acabar esta saga de "juegos de nieve" que me ha dado por hacer estas navidades. Si venían por este artículo, no se preocupen, lo tendrán recién salido del horno para la semana que viene, palabra de Boy Scout, pero ha pasado algo que me ha arruinado toda la semana de planning y ha hecho que ni siquiera pueda completar el juego del que me había planteado escribir (como siempre me gusta hacer antes de un artículo). Realmente me han podido las ganas de sincerarme un poco.
Lo que ha sucedido consiste en algo muy básico: me he acordado, como por arte de magia, de que disfruto de los videojuegos, quizás más de lo que recordaba, quizás incluso más de lo que sentía disfrutarlos cuando abrí este blog porque me di cuenta de que disfrutaría incluso escribiendo de ellos.
El otro día vino un amigo a casa y, sin saber qué ponernos a jugar, decidí desempolvar una vieja joya de corona de la quinta generación de consolas, Devil May Cry 3: Special Edition (en este caso relanzado en Xbox 360 y PS3 como parte de Devil May Cry HD collection) para jugar a algo rápido y sencillo, que no tuviese que volver a poner en la consola después de aquella tarde. El resultado fue encontrarme volviendo al mismo juego día tras día sin poder parar de jugar, como hacía años que no me pasaba. La frescura de los movimientos, la rapidez y simpleza de la jugabilidad, el nivel alto de conocimiento necesario para bordar ciertos jefes... todo esto ayudaba, pero no era lo único. Es entonces cuando me di cuenta de que algo en mi iba mal.
Llevo tanto tiempo en esto de los juegos y no me he dado cuenta nunca hasta ahora de que por el camino se me han unido dos malos amigos, la obsesión con el coleccionismo y las ansias de novedad. Sobre el primero, he de decir que llevo mucho tiempo comprando o descargando juegos a un ritmo desorbitado (incluso para mi nivel económico); hablo de juegos largos, profundos y con muchísimas horas de contenido. De esta forma, he comprado mucho más de lo que puedo jugar.
Por otro lado, todo lo que juego se me antoja escaso de novedad, no porque los juegos en sí se conviertan en malos o repetitivos, sino porque todo me cansará a las 3 o 4 horas, queriendo pasar inmediatamente a un juego nuevo que, mientras menos parecido sea al anterior, mejor. Esto me acaba creando un gran burnout además de aumentar mi backlog (o lista de juegos por jugar), que no hace más que agobiarme por todas las joyas que siempre pienso que me habré perdido y todas las que puedo perderme a partir de ahora. Esto me ha dotado de malos hábitos que van desde estar todo el tiempo obsesionado con todas las páginas de compras y sus ofertas para que no se me escape ningún "chollo", o estar disfrutando de un juego enormemente y aún así levantar las cejas pensando que dura demasiado, procediendo a buscar su duración en internet para saber cuanto más he de estar jugando al mismo para acabarlo.
No he completado ni la mitad de todo esto, y estamos hablando del catálogo de "solo" una de mis consolas.
Todo esto sumado a un sentimiento de ansia por aquellos juegos que están por salir, y profunda angustia cuando uno de estos sale y no puedo tenerlo en mis manos. Declaro que soy amante del teatro, de la música, del cine y de la literatura, pero nunca he sentido angustia por no ir a ver una obra, concierto, película o leer un libro y sin embargo, con los juegos ha llegado hasta un nivel insano.
Es por eso que me he propuesto ponerle freno a éstos hábitos míos. Porque estoy harto de no disfrutar de este medio tanto como lo disfrutaba antaño, estoy harto de tener una lista de "por jugar" que va creciendo más y más, estoy harto de quitar al medio esa oportunidad que tiene de sorprenderme porque pellizco de todo un poco en lugar de sentarme en la mesa a comer. Es por eso que me he propuesto pasar este 2015 sin hacer caso al las novedades, pues el problema (por una vez) no son los videojuegos, sino yo y mi obsesión, mi sobre-exposición al medio, mi intento de adaptar un ritmo de juego imposible de seguir.
Es por ello que este año me dedicaré a aislarme del medio totalmente; sin foros, sin imageboards, sin juegos nuevos y sin noticias. En su lugar, será ocupado por mis pendientes y mi blog con recomendaciones. Quien me conozca sabe que sufriré, más que ninguna otra pérdida, por el lanzamiento de Metal Gear Solid 5: Phantom Pain, pero estoy seguro de que Big Boss me esperará con los brazos abiertos el año que viene. Es la única forma en la que se me ocurre volver a sentir que mi tiempo es mio y no del calendario de lanzamientos, y es la única forma en la que voy a poder sentirme tranquilo jugando sin pensar en los 200 juegos que vienen después. Tengo otro par de proyectos pensados, pero de darles luz verde prefiero que constituyan una sorpresa a lo largo de 2015 que, dicho sea de paso, pinta a que para mi va a ser un año muy largo.

mmm bno
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